La televisión pública española ha tomado una decisión que ha sorprendido —y también dolido— a buena parte del sector cultural: TVE ha anunciado el cierre de Culturas 2, el espacio conducido por Tània Sàrrias que durante años se ha consolidado como uno de los pocos refugios televisivos dedicados íntegramente a la cultura contemporánea. Con una frase clara y emocional, “Duele”, Sàrrias resumió lo que muchos espectadores, colaboradores y creadores han sentido ante la noticia.
Culturas 2 nació con la intención de ofrecer un espacio que abrazara disciplinas diversas —artes escénicas, literatura, música, cine, danza, diseño, pensamiento— sin caer en el sensacionalismo ni en el ritmo frenético que caracteriza a la televisión comercial. Su apuesta era otra: conversaciones profundas, miradas íntimas a los procesos creativos, reportajes cuidados y una visión plural sobre la cultura como herramienta para entender el mundo. A pesar de su tono pausado y su estilo elegante, o quizá precisamente por ello, logró conquistar a una audiencia fiel que veía en el programa un oasis imprescindible.
El cierre ha sido interpretado por muchos como un golpe duro para la cultura en la televisión pública. Aunque TVE no ha detallado los motivos específicos, la decisión se enmarca en una reorganización de la parrilla y en el impulso de nuevos formatos que buscan captar audiencias más amplias. Sin embargo, la cultura a menudo no encaja fácilmente en métricas de consumo rápido, y ese es uno de los dilemas que Culturas 2 siempre enfrentó: ser necesario, pero no necesariamente “masivo”.
Tània Sàrrias, con su estilo cercano, delicado y respetuoso, fue el pilar del programa. Su capacidad para conversar sin prisa, su sensibilidad para acercarse a artistas complejos y su habilidad para escuchar se convirtieron en la esencia del formato. Verla despedirse, visiblemente afectada, ha dejado claro que esta decisión no es meramente un movimiento empresarial, sino una pérdida emocional y simbólica.
Muchos creadores han reaccionado en redes lamentando la desaparición de uno de los pocos espacios que les permitía hablar de sus obras sin simplificaciones. Escritores, músicos, cineastas y dramaturgos han señalado que Culturas 2 no era solo un programa, sino una plataforma que trataba la cultura con dignidad, algo cada vez más raro en la televisión tradicional. Para artistas emergentes, además, significaba una oportunidad de visibilidad que difícilmente encontrarán en otros espacios.
El final del programa también reabre un debate recurrente: ¿qué lugar ocupa la cultura en los medios públicos? ¿Debe adaptarse al ritmo de la televisión comercial o mantener su carácter de servicio público, incluso si eso implica audiencias más pequeñas? Culturas 2 representaba la segunda opción, apostando por un modelo donde la profundidad importaba más que los números. Su desaparición deja una sensación de vacío que, para muchos, no se llenará fácilmente.
Aun así, el legado del programa es innegable. Durante su trayectoria, logró documentar y difundir algunas de las voces más relevantes del panorama cultural español y latinoamericano. Entrevistas que hoy se consideran de referencia, reportajes que iluminaron disciplinas minoritarias y conversaciones que capturaron momentos clave de una generación creativa. Todo eso queda como testimonio de un trabajo hecho con cariño, rigor y respeto.
La despedida de Culturas 2 no solo “duele”, como dijo Sàrrias, sino que también invita a reflexionar. En un tiempo dominado por la inmediatez, el programa recordaba que la cultura necesita espacio y silencio, que no todo puede reducirse a clips virales y que la televisión pública tiene una responsabilidad que va más allá del entretenimiento.
Quizá el cierre sea un punto final, o quizá un punto y aparte en la vida cultural de TVE. Pero lo que está claro es que el impacto de Culturas 2 perdurará, y que quienes lo siguieron lo echarán de menos cada vez que busquen un rincón televisivo donde la cultura no se trate como un accesorio, sino como un pilar esencial de nuestra sociedad.



